Muere el primer humano que dio un paseo por el espacio

Fallece en Moscú el cosmonauta Alexei Leonov a los 86 años de edad

El cosmonauta ruso Alexei Leonov durante la misión Apolo-Soyuz de 1975, con el retrato que le hizo al comandante Thomas Stafford. GETTY

Alexei Leonov, el cosmonauta soviético que se convirtió en la primera persona en dar un paseo por el espacio, ha fallecido hoy a los 86 años, según ha informado la agencia rusa Ria Novosti.

Leonov (Listvianka, Rusia, 1934), era uno de los pocos miembros vivos del mítico grupo de primeros cosmonautas soviéticos, cuya cabeza visible fue Yuri Gagarin, la primera persona que viajó al espacio, en 1961. En aquellos años la Rusia comunista le llevaba zancadas de ventaja a EE UU en el espacio y Leonov fue prueba de ello.

El 18 de marzo de 1965, este hijo de trabajadores siberianos abrió la escotilla de su nave para entrar en la historia, algo que consiguió en parte omitiendo información a sus superiores, según explicó en una entrevista en 2011. La misión de Leonov era salir al espacio desde su nave Vosjod, que orbitaba la Tierra a unos 500 kilómetros de altitud y a unos 20.000 kilómetros por hora, y realizar la primera caminata espacial. Lo hizo sin problemas, pero al intentar regresar se dio cuenta de que su traje se había inflado como un globo y ya no cabía por la escotilla. Leonov recuerda que, sin informar a sus superiores por radio, decidió abrir una espita en su traje para expulsar aire, lo que podría haberle hecho perder la consciencia, pero que le permitió regresar a la cápsula sano y salvo.

De vuelta a la Tierra, un nuevo fallo obligó a Leonov y su compañero, Pavel Belyaev, a aterrizar en la taiga cubierta por un metro y medio de nieve, a cientos de kilómetros del punto de aterrizaje fijado. “Había 20 grados bajo cero. Empecé a mandar señales de morse, pero no hubo respuesta. Pensé que estábamos perdidos y, de hecho, aquel día varias emisoras estatales comenzaron a radiar el Réquiem de Mozart. Al día siguiente, al fin, nos avistó un helicóptero. Tuvimos que andar tres días por la nieve hasta reunirnos con él”, recordaba Leónov.

Diez años más tarde, en 1975, este cosmonauta fue el primer soviético en darle la mano a un estadounidense en el espacio durante la misión conjunta con EE UU Apolo-Soyuz, un intento de escenificar la bajada de tensión entre las dos superpotencias.En aquella época Leonov volvió a expresar su talante rebelde. En aquella misión, recordaba Leonov en la entrevista, “hubo mucha discusión sobre a qué distancia mínima podríamos girar ambas naves la una de la otra”. “Hasta el último momento los burócratas de la agencia nos dijeron que no podíamos acercarnos a más de 150 metros de distancia. Pero Tom Stafford [comandante de la misión estadounidense] protestó, diciendo que no hacía falta volar tan lejos y que 45 metros bastaban. Estaba empeñado en protestar. Entonces agarré a Stafford, le saqué de la sala y le dije: ‘Vamos a estar en el espacio, solos, y nadie va a comprobar a qué distancia volamos. Así que hagamos lo que queramos y no se lo digamos a nadie”, explicaba.

Para entonces Rusia ya había perdido la carrera espacial, pues fueron sus rivales estadounidenses los que consiguieron el más difícil todavía al ser los primeros en llevar a dos astronautas a la superficie de la Luna, Neil Armstrong y Buzz Aldrin, en 1969, hace ahora medio siglo. Gagarin había muerto un año antes en un accidente aéreo.

Leonov, junto a Valentina Tereshkova, la primera mujer en viajar al espacio en junio de 1963, Gagarin, y otros 17 pilotos de la fuerza aérea de la URSS, formó parte de la primera hornada de cosmonautas del país comunista, seleccionados en 1960. Fue un testigo privilegiado de un programa envuelto en el secreto.

En 1957 Rusia había sorprendido al mundo, especialmente a los estadounidenses, al lanzar con éxito el Sputnik, el primer satélite artificial. El cerebro detrás de los hitos soviéticos era Sergei Koriolov, quien, al igual que el padre de Leonov, minero, había sido depurado por la dictadura estalinista. Leonov rememoraba el día que Koriolov entró en casa de Wernher von Braun para registrarla en los últimos compases de la II Guerra Mundial. “Cuando entraron, el café aún estaba caliente”, recordaba Leonov. Von Braun, exoficial de la SS, había inventado los temibles cohetes V2 de la Alemania nazi. Los estadounidenses le encontraron primero y se lo llevaron a EE UU. Él fue el ingeniero que ideó el Saturn V, el cohete más potente jamás creado, que llevó a los primeros astronautas estadounidenses a la Luna. “Mucho después le pregunté a Von Braun qué hubiera hecho si hubiera caído en manos de los soviéticos antes que de los estadounidenses. Dijo que hubiera trabajado para los soviéticos, porque lo único que quería era ir contra Hitler”, recordaba Leonov.

Piloto de pruebas, general de las fuerzas aéreas, ingeniero y pintor aficionado, Leónov dedicó la última parte de su vida a la divulgación científica y a promover la exploración espacial pacífica y colaborativa. Durante esa etapa visitó España en varias ocasiones junto a otras figuras destacadas de la ciencia y el espacio, como Setphen Hawking y su colega Neil Armstrong.

“Alexei Leonov fue una persona muy positiva, con gran corazón, fuerte. Su nombre significa mucho para millones de personas en nuestro planeta”, explica el investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias Garik Israelian, amigo de Leonov y director del festival Starmus. El cosmonauta ruso fue durante varias ediciones una de las figuras más representativas que cada año se congregaban en las islas Canarias para celebrar un particular evento que mezclaba ciencia y música y al que asistieron premios Nobel y figuras muy destacadas de la investigación y la astronáutica.

En la última edición del festival que se celebró en España, en 2016, Leonov, rodeado de otros seis cosmonautas y astronautas de cinco nacionalidades distintas y tres generaciones diferentes, dijo: “En el último milenio hubo guerras y revoluciones pero el evento más importante fue lo que hizo Neil Armstrong”.

Israelian cuenta que habló esta mañana con la hija de Leonov, quien le confirmó que su padre murió hoy a las 12:40, hora de Moscú. Previsilemente su funeral se celebrará el martes en la capital rusa.


Fuente: El País

La OTAN extiende al espacio su perímetro de defensa

Alemania propone la creación de un comité de expertos para fortalecer la coalición tras las críticas de Macron

La Alianza Atlántica se prepara para ampliar su campo de influencia al horizonte espacial. Los ministros de Exteriores de la OTAN quieren que la coalición esté lista para responder en caso de un eventual ataque a satélites de uno de sus miembros. El encuentro estuvo marcado por las dudas acerca del futuro de la OTAN expresadas la semana pasada por el presidente francés, Emmanuel Macron. Alemania trató de destensar la situación con la propuesta de crear un comité de expertos para repensar cómo fortalecer la coalición.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg charla con los ministros de Exteriores francés y alemán durante la reunión. KENZO TRIBOUILLARD AFP

Los excesos retóricos de Macron están obligando a Jens Stoltenberg a aplicarse a fondo para convencer de que el estado de “muerte cerebral” que el presidente francés diagnosticó a la OTAN es solo un resfriado más de los muchos que ha padecido en sus 70 años de historia. Pero mientras el debate terrenal sobre el futuro de la Alianza Atlántica consume las energías comunicativas del secretario general de la coalición, esta se lanza a algo parecido a la conquista del espacio. Los ministros de Exteriores reunidos este miércoles en Bruselas acordaron reconocerlo como escenario de operaciones, junto a los otros cuatro frentes susceptibles de albergar hostilidades: aire, tierra, mar y ciberespacio.

El estupor ante el pesimismo rampante que destilaban las crudas reflexiones del presidente francés en una entrevista al semanario británico The Economist enrareció la atmósfera de un encuentro ministerial que sobre el papel parecía una plácida antesala preparatoria de la cumbre a celebrar en Londres dentro de dos semanas, donde, con Donald Trump ya en liza, habría poco lugar para la relajación. En lugar de eso, el monumental desahogo de Macron, que incluso puso en duda el compromiso con el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que compromete a los socios a ayudar a un aliado cuando este sea atacado, su gran pilar, opacó parte de la agenda inicial.

Pese a la zozobra, o tal vez gracias a ella, los ministros de Exteriores trataron de probar por la vía de los hechos que la OTAN funciona sin respirador artificial: Stoltenberg anunció que el espacio pasará a ser un terreno de juego relevante para la OTAN. El político noruego aclaró que la intención de la coalición no es militarizarlo, sino estar lista para defenderse de eventuales ataques. Los intereses son grandes: de los 2.000 satélites que orbitan alrededor de la Tierra, más o menos la mitad son propiedad de Estados integrados en la OTAN. De su buen funcionamiento dependen, entre otros sectores, la banca, las aerolíneas o los servicios de predicción meteorológica. Con el creciente recelo que despierta la mayor actividad de China y Rusia en los confines del planeta, el objetivo es prepararse para lo peor. “El espacio es parte de nuestra vida diaria. Puede aprovecharse con fines pacíficos, pero también agresivamente. Los satélites pueden ser bloqueados, pirateados o atacados. Las armas anti-satélite pueden inutilizar comunicaciones y servicios de los que depende nuestra sociedad”, advirtió Stoltenberg.

La anticipación a las amenazas es clave en la estrategia de la OTAN. La ampliación de su perímetro de interés al espacio abre la puerta a debates como la mejor forma de protegerse ante misiles enemigos dirigidos a satélites aliados, que pese a parecer más cercanos a la ciencia ficción, ya están sobre la mesa.

Posición frente a China

Más cercano se percibe el peligro del creciente poder económico y militar chino. La Comisión Europea combina el acercamiento con Pekín en asuntos como el cambio climático con la desconfianza por la imponente presencia del gigante asiático. Bruselas ya considera a China un “rival sistémico”. Esta noche, los ministros de Exteriores de la OTAN discutían cómo debe ser su aproximación al segundo mayor presupuesto militar del mundo.

La vía de Trump para mantener la supremacía militar de la Alianza sigue siendo la de aumentar el gasto en defensa, un asunto que seguirá muy presente en la cumbre de Londres. Stoltenberg celebró que los países europeos aumentarán en 100.000 millones de euros el gasto militar entre 2016 y finales del año que viene, pero está por ver hasta qué punto valora el presidente estadounidense estos esfuerzos, todavía lejanos a la exigencia lanzada a sus aliados de que dediquen el 2% de su PIB a la defensa.

Mientras por motivos distintos, el descontento de Trump y Macron debilita a la OTAN, Alemania ha respondido con una propuesta para encauzar su rumbo. Berlín quiere poner en marcha un comité de expertos presidido por Stoltenberg que tenga como objetivo mejorar la coordinación. El secretario general de la Alianza ensalzó la iniciativa de Berlín y dijo que fue bien recibida por los miembros.


Fuente: El País

Musk realiza con éxito el lanzamiento del Falcon Heavy

El pasado lunes 6 de febrero la empresa del magnate de Silicon Valley, Elon Musk, realizó el lanzamiento del primer Falcon Heavy, un cohete capaz de propulsar hasta 64 toneladas a órbita baja terrestre.

El dueño de Tesla ha declarado “Aún estoy intentando asimilar todo lo que hemos visto, me parece surrealista. Ha sido épico, probablemente lo mas emocionante que he visto nunca. Supongo que cosas impensables pueden hacerse realidad. Pensé que había mil cosas que podían fallar. Es increíble cuando funcionan.”


En su primer vuelo, el Falcon Heavy ha transportado hacia una órbita cercana a Marte un descapotable Tesla de color rojo con un maniquí llamado Starman al volante.
Este acontecimiento supone una revolución en el mercado aeroespacial por el abaratamiento del transporte de mercancías siderales. El sueño de Musk de establecer colonias en Marte se encuentra más cerca con el lanzamiento del cohete reutilizable de Tesla.

El Falcon Heavy mide 70 metros de alto –como un edificio de 23 plantas– y tiene 27 motores con una fuerza de empuje de más de 2.500 toneladas, equiparable a la de 18 aviones Boeing 747. Se convierte así en el cohete en activo mas potente del mundo, tan solo por detrás del extinto Saturno V usado en los programas Apolo y el cohete soviético Energía.